¿Quién no ha sentido alguna vez la necesidad de correr, de
romper con todo, de huir, de hacerse un ovillo con el solitario deseo de que el
tiempo pase?
En días me busco, en días me encuentro y en días me suicido.
No me
he movido pero no estoy donde estaba. Quiero saber si soy verdad o si me
engaño.
A veces camino sola, a veces la soledad me acompaña, a
veces me rio de mi y a veces la risa soy yo.
A veces hablo pero no me escucho, a
veces me escucho pero no puedo hablar.
A veces me cayo y todo por que a veces
quiero ser yo y a veces me niego.
Entonces sufro y mi corazón hecho papel y lapicero escribe renglones desesperados y mis ojos, mis ojos lloran arena.
Mi alma huye perseguida por mí
misma. Mi sangre acaricia la esperanza y busco mis manos para protegerme, son de humo, un humo podrido, desdentado y yonki y todo por que a veces quiero
ser yo y pero a veces me niego.
Soy cada uno de los lugares en los que he estado,
soy los caminos que me quedan por recorrer,
soy los puentes que dinamito cuando me marcho, que si tengo que
volver ya volveré por otro lado.
Soy cada una de las cicatrices perdidas en
cada batalla y soy la que origina dicha batalla.
Soy un sueño en el que tengo una pesadilla por no poder soñar,
soy lo que me hace llorar y cuando lloro soy yo cada una de mis
lagrimas.
Soy el cartel de aforo completo de un tanatorio,
soy… soy la resaca de un abstemio de besos,
soy la lluvia y soy el charco.
Soy la
necesidad de que algún día el amor mueva el mundo.
De un poeta que es cómico o a la inversa.


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