jueves, 24 de mayo de 2012

Historia de una terapia II







Como "niños grandes" así hay quien lo define, pero yo desde luego, pagaría por volver a ser una niña pero pequeña. En fin, (después de que la gata me acabe de patear la cabeza prosigo) el panorama era muy extraño, el silencio incómodo y las miradas esquivas. E. nos animó a que alguna se animase a presentarse y Teresa se animó, este era su segundo año de terapia de grupo, tenía un hijo, 35 años, estaba mal ya que había fallecido un cuñado al que quería mucho hacía poco, era lesbiana y muy gorda, desaliñada pero con una voz muy suave y dulce, ¡menudo contraste!, estaba sentada a mi lado y así sería hasta que dejó la terapia. Somos seres de costumbres y al siguiente lunes de las presentaciones, todas nos sentamos en la misma silla que la vez anterior y así ha sido hasta que han terminado estos dos años de terapia.

Luego habló Rosa, la mami del grupo por la edad, por el aspecto y hasta por la manera de dirigirse a las demás, claramente el resto éramos más jóvenes. Rosa con su pelo escarolado, contó que ya había estado en otra terapia, pero de esas que hay muchísima gente, que tenía dos hijas, una de ellas hacía poco que había superado un cancer con 22 años o así, que no trabajaba ya que había conseguido la invalidez absoluta y comentó que su familia no estaba muy de acuerdo con que acudiese a la terapia. Rosa era la otra que estaba a mi otro lado.

De repente se lanzó Ana (cariñosamente la loqui), ya que había muchas Anas, que nos contó que tenía 38 años, que trabajaba en un Foster de camarera y que ella venía a la terapia a curarse, hablaba muy rápido, puro nervio. Destacaba de ella su larga melena rizada y bien cuidada, nos contó que vivía con su padre, todo esto en 1 minuto y luego se calló.

Después me miraron a mí, sólo quedábamos dos por presentarnos y así lo hice. Dije mi nombre, edad, profesión y que nunca había participado en una terapia de grupo, esperando sacar el mayor provecho de ella, dando por sentado que todas teníamos el mismo diagnóstico. Conté que esos momentos me encontraba bien dado que estaba con los preparativos de mi boda y eso me tenía muy liada y entretenida. Que llevaba años de psicólogos/psiquiatras, pero en la actualidad parecía haber dado con un buen tandem médico.

Tras las enhorabuenas por mi próxima boda, falta Anita, la peque por hablar. 21 años y acudiendo desde los 6 al centro de salud mental, no tenía hermanos y lo que sí tenía eran muchas preguntas que empezó a soltar como si las hubiese estado preparando mientras el resto hablaba. Estudiante de educación infantil en la universidad y aparentemente tímida...

Ese era el grupo que formábamos, cinco chicas y la psicóloga y la psiquiatra como terapeutas del grupo. Medio año después aparecieron dos más al grupo. Mujeres tambien, durante ese medio año, las que allí nos encontrábamos entramos en la "onda" de la terapia, del grupo y de alguna que otra desavenencia que terminó con la marcha de Tere. O se iba ella, o se iba Ana (loqui) el odio fué creciendo por parte de Tere hacia Ana, hasta que un día hubo una agresión física, tras doscientas verbales, que puso fin a la presencia de la "gran" Teresa.

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