El otoño, el maldito otoño se traga y engulle a la luz que da vida a seres humanos, animales y plantas, al calor que nos invita a salir, a pernoctar, a la piscina siempre acompañada del griterío de los niños. El verano que en muchas ocasiones nos lleva a conocer nuevos lugares, nuevos países con sus culturas y sus paisajes. El verano que llena mi tiempo de vida e ilusiones, que como la luz, parece que se ven absorbidas por la llegada del otoño, el odioso otoño.
No contaré lo que conmigo hace, porque hablar de ello me resulta tedioso, y más en este instante, son pasadas las doce de la noche, y el sueño, así como mis pequeñas panteritas negras, me envuelven. Pero no cabe duda que es la antesala a la muerte, al menos visual, de lo que florecía en mi balcón, al momento en el que el letargo o largo sueño llega para muchos animales, mucho más sabios en su naturaleza que los humanos. Que seguimos madrugando para ir a los trabajos, para que luego si reclamamos por nuestros ideales, terminemos con una poco grata hostia de un madero. Y llueve y hace frío, y salir a la calle se convierte en algo desagradable. A pesar de que el sonido de la lluvia desde mi cama, extrañamente me reconforta.
Sólo sé, que quiero irme al calor. Otra vez y otra.
Hace no mucho, mientras conducía, escuchaba a placebo y todo esto que cuento me ha recordado a la canción "Sumer´s gone", de para mí, su mejor cd.


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