¡Lo
que es la vida! y lo que es peor, ¿que hemos hecho con la nuestra?
Paseábamos
con los dedos entrelazados a la vez que jugábamos con los mismos. Nuestras
miradas, siempre cómplices, emitían destellos en forma de telegramas de pasión.
Breves, concisos y directos.
Tú cuerpo era mi cuerpo, tus fluidos formaban parte de los míos en aquellos interminables castillos de sábanas que construíamos entre risas y gemidos.
Me invadiste literalmente, mil y una noche junto aquellas tardes de domingo que se convertían en siestas atemporales. Descansabas entre mis senos a la vez que apresabas contra tí mis nalgas, firmes y turgentes en aquellos días, intentando detener el tiempo, en un acto de atraparme contigo para siempre.
Succioné tu sangre, bebí tu alma a traguitos lentos y engullí tu orgasmo acompañado de lágrimas propiciadas por aquella sensación que sólo puede definirse como plenitud.
Sucesión constante de deseo, de húmedas y abrumadoras historias inventadas o reales que nos hacían los únicos protagonistas de todo aquello que deseamos ser. De todo aquello que fuimos.
Y
ayer te encuentro entre la gente. Con la cabeza baja, con gesto de rabia, dolor
y orgullo forzado al ser vista antes de yo ser consciente que estás allí.
Cierto
es que han pasado muchos años. Cierto es que la distancia se interpuso en
nuestras vidas, pero igual de cierto es, que te quise lo mejor que supe y pude
hacerlo, que no hay daño irreparable en una vida elegida y sin duda cierto es
que te tuve felizmente entre mis piernas dándote aquella vida que existe en mí.
Y ahora te comportas como un auténtico desconocido…
Y ahora te comportas como un auténtico desconocido…
¿Tanta
intimidad compartida para convertirse en un reproche de por vida? Que triste verdad?................
Pd. Pequeña loca, lo rescaté (este escrito) por tí.


No hay comentarios:
Publicar un comentario