Puede parecer sencillo hablar desde mi perspectiva,
desde mi sentimiento de maltratada, pero si algo no es, precisamente es
sencillo. Partiendo de la base de que en muchas de las ocasiones no era
consciente de tal comportamiento para conmigo o de ser yo misma, inconsciente y
en ocasiones conscientemente la que propiciaba un altercado que podían dar
lugar a un bofetón, un mal gesto, desconfianza…
A todo esto quiero añadir, que al margen de ser yo misma la que elegí estar
con determinadas personas, más que maltratada o humillada me sentía culpable de
que se diesen la mayor parte de la situaciones y al intentar enmendarlas
provocar una situación aún peor. No voy a justificarme en ningún momento bajo
el amparo de mi enfermedad, pero es inevitable tenerla en cuenta para asomarse
a comprender al menos algunas de mis extrañas o incorrectas decisiones. Del
mismo modo no justificaré a ninguna de la personas, bien por su pasado,
enfermedades, orgullo, celos o drogas hayan estado presentes. Porque eso ya
formaba parte de cada uno desde antes de conocernos.
El señor J. Por suerte muy lejano en mi memoria y
pensamientos, fue mi primera pareja, mi primer chico, un apoyo incondicional
hasta que mis miedos aparecían, era entonces cuando él se crecía y con ello su
ira y sus golpes. Siempre comprendí el origen de su comportamiento e intenté
ayudarle en todo lo que pude, pero una vez cometido el terrible error de
permitir un empujón, nada bueno puede presagiarse que en esa relación se mantenga. Yo fui
consciente del fin de aquello, cuando la golpeada fue un ser al que yo quería
mucho y no estaba dispuesta a aguantar nada referente al señor J.
Pasado un tiempo reclamé su ayuda por un grave problema que tenía y él respondió a la
primera, fue entonces cuando el “perdón” sincero, salió de su ser. Lo acepté y
pasado ese tiempo cada uno continuó con su vida. Sin saber el uno del otro,
pero sin rencores de por medio.
La persona con la que peor, más humillada, apartada,
inclusive estúpida me he sentido es con
el señor M. Pero es que este hombre, se maltrata así mismo, así que no era
extraño que lo que al principio era un estímulo para su propia vida, el hecho
de compartirla conmigo, volviese a su origen pasado un tiempo. Estuve una
primera vez con él, aún no estaba tan enfermo, más adelante, con los años
volvimos a encontrarnos y volvimos a estar juntos. Es muy duro ver como la
persona que quieres no hace nada para ayudarse, ver que una gran inteligencia
se queda aparcada por una esquizofrenia ayudada con alcohol, marihuana y cocaína.
Durante esos casi dos años, yo ya estaba en tratamiento, yo entendía lo que me
pasaba, aunque cayese en errores constantes. Él, sólo vivía para sí mismo y en
ocasiones todo daba una vuelta de 360 grados y parecía que las cosas irían a
mejor, internarse en un centro, hacer ejercicio, dejar su medicación y aceptar
la del psiquiatra…. Pero a la hora de la verdad, todo se quedaba en un
espejismo que se rompió mil y una veces. Si él se caía yo le ayudaba a
levantarse como fuese, si yo me caía me levantaba sin ayuda. Nunca me pegó,
pero siempre tuve miedo de él. De sus reacciones, de cómo se levantaría, su
estado de humor, sus miradas despectivas….. Al final todo terminó cuando un día
me dijo que no me quería y al día siguiente recogió gran parte de sus cosas, su
perra y se marchó a su casa. Me quedé con la otra perra, abandonada por mi
pareja de un día para otro y el silencio se instauró entre nosotros, hasta que
un día me llamó, su perra se estaba muriendo y me pidió si podía ir a verla. La
perra sufrió un extraño fallo multiorganico y contra todas las expectativas,
vivió una semana más. Les llevé a la
casa donde convivíamos, las dos perras estuvieron juntas y esos días dieron
lugar a un gran paso por parte del orgulloso M. Al margen de las gracias y el
perdón, reconoció que se marchó para hacerme daño y poder hacer lo que quisiera
sin que yo le perturbase. Comenzó un cortejo por su parte que yo no iba a
secundar, yo ya tenía mi casita, había tomado la decisión de estar y vivir sola
y lo más importante, yo no le quería como pareja, mi sentimiento había muerto,
y tan sólo quería mirar hacia delante y seguir mejorándome día tras día. No
quería más daño, ni que me lo hicieran, ni mucho menos ser yo la que lo
ocasionase. En principio lo entendió muy bien, a las pocas semanas me pidió
dejar de tener contacto, porque con eso sufría. Hace tiempo que no sé de él,
sólo espero que se encuentre bien y mejor. Repito que nunca me pegó, pero sus
miradas, sus desaires, ignorarme y un largo etc, fue peor que una hostia bien
dada.
El señor A. Por lo que tengo entendido, que es bien poco o
lo mínimo, ha debido de cambiar mucho en años sin vernos ni hablarnos. Ya que
las personas que hace no mucho le han tratado han citado definiciones sobre
él, que me sorprenden, ver son dirigidas
para el Señor A. Que conocí, conviví y quise…..definiciones que van más lejos
de es un arrogante y un pedante, un me cae fatal, o se cree muy gracioso con su
cinismo y dramatismo sobre las cosas. Yo quiero creer que esa máscara que un
día creó a base de engaño y desconfianza ha llegado un punto que se ha
apoderado de él, sencillamente porque es más cómodo y no recibes daños
directos. El Señor A. Nunca me maltrató, siendo pareja o sin serlo, nos
utilizamos, nos dañamos hasta que de repente llegó el silencio por su parte. La
situación de una manera unilateral se torno a la más directa de las
ignorancias. De hablar a diario a nunca más, a ser consciente de que si estoy
allí, el no va y pide no verme allí donde esté. A pesar de mi más sincero
perdón por el daño que yo le he ocasionado en su vida, su respuesta es la nada.
Y esa nada es el maltrato psicológico que en mi persona se ha generado. Es la
bala que está en la recamara, todas las demás están fuera del cargador, del
arma que podemos llegar a ser las personas. Y no es amistad lo que quisiera, es
saber que no toda la culpa es mía. Es un saludo, es un no pasa nada si estamos
en el mismo habitáculo, nadie se siente mal… Es dejar esa máscara a un lado y
ser consciente de una vida que corre demasiado, casi más que uno mismo. El
señor A. Es mi último y querido maltratador desde una distancia infinita, que por mi parte sería cercana tan sólo con "algo", para poder cerrar definitivamente esa puerta que se quedó mal abierta.
Las Rosas son bellas, pero tienen espinas y hacen unas heridas que tardan en cicatrizar y duelen y molestan, pero así son las rosas.
Esta es mi historia sobre los que para mí han sido o son los maltratadores a lo largo de mi vida, así lo he sentido y siento y acepto las consecuencias de las mismas, pero es importante no dar tanta importancia al pasado y seguir con el día presente. Yo así soy feliz.



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