Cuando llevábamos más de medio año de grupo, entraron a formar parte del mismo dos nuevas personas. Una de ellas, más que de su físico, recuerdo sus palabras bordes, a pesar que sinceras me provocaron un ataque de ansiedad, o salía de la sala a tomar aire.... o me la comía (verbalmente hablando). Desde su primeras palabras y como las dijo renegé de ella, me resultó una estúpida y lo que es la vida hoy en día es una de las personitas más grandes e importantes de mi vida. Tenía una hija adolescente que la estaba dando muchos problemas, violencia doméstica, en fin, una situación muy dura y difícil que había terminado con la denuncia de Ana P. a su hija.
La otra chica que entró, la recuerdo poco habladora y cada vez que lo hacía, había tal sentimiento de desesperación en ella que nos dejaba sin nada que decir. Anorexia, alcohol, muchas peleas con su marido y sus dos amores, sus dos hijos que eran el motivo, así decía ella, por el que merecía la pena vivir. Su nombre, Ana. Siempre iba muy arreglada, en su vestimenta, muy pintada, una gran fachada para esconder lo que allí se desvelaba.
Pasaron los lunes y un día, Esther, la terapeuta nos dijo que tenía algo que decirnos a las que allí estábamos, que éramos Rosa, Ana P. y yo. Rara vez hemos estado al completo en una sesión. Nos comunicó que Ana, la que vivía por sus niños ya no estaba, Ana se había suicidado.
Describir el cúmulo de sensaciones y emociones que se pasaron tras aquellas palabras sería francamente complicado. Inclusive en la actualidad. Por que de las miles preguntas que se me pasaron por la cabeza y formulé, sólo me dieron una respuesta, sus hijos no habían visto nada, que eso lo había cuidado muy bien.
Hoy en día, si pienso en esos días que tanto hablamos de Ana, o si pienso en puro acto tan respetable de tomar la decisión de dejar esta vida, son dos las sensaciones que más me abordan, culpabilidad y rabia. Hemos perdido a una guerrera...
Evidentemente tras aquello mi confirmación de no tener hijos se volvió y tambien lo digo en el presente más firme que nunca.
Aquel fatídico incidente dió lugar a una disgregación del grupo. Se notó el miedo en compañeras, la autoconfirmación de que es algo que nos puede pasar en otras, el caso es que diría que el grupo quedó reducido a tres personas. A Laura, y a sus 21 añitos la conmocionó tanto que dejó de ir. La "loqui", faltaba mucho, sólo éramos tres y terminamos la terapia las mismas hace unos meses.
Que si la terapia en grupo vale para algo??? me ha ayudado con mi enfermedad??? ya lo contestaré, ahora quiero tocar a una de mis gatas la tripita mientras juego con el portatil en mi cama.....


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