Le conocí en un local del centro de la ciudad, era pequeño y estaba iluminado con una sugerente luz tenue y velitas en cada una de las mesas. Yo estaba esperando a una amiga, que se estaba retrasando. Abrí mi bolso para mirar, por quinta vez, si me había llamado y de paso la hora que era, cuando sentí una presencia enorme a mi lado. Fue cuando levanté mi cabeza poniendo cara y cuerpo al osado que se había parado delante de mi mesa. Sin pronunciar palabra, sólo con una sonrisa de medio lado y una profunda mirada, se acercó y se presentó. Pude darme cuenta que su acento hacía juego con su nombre y con su aspecto, era de algún país nórdico seguro.
Nos tomamos un par de copas y confirmado, era sueco. Realmente son de otra raza.... Me sugirió ir a dar un paseo, al que accedí. Fue al levantarme comprobar que era alto, muy alto, yo soy de media talla y con los tacones pues algo más puedo parecer, pero es que él pasaba del 1,90.
Por cierto, mi amiga me envió un sms diciendo que llegaría pero más tarde, yo la contesté que ya nos veríamos mejor otro día. Asunto zanjado.
Salimos del local y caminamos sin rumbo hasta que, tras caminar varias calles, vimos una taberna y decidimos entrar a tomar unas cervezas. Allí la iluminación era todo, menos tenue, así que pude observarle o más bien hacer un escaner visual al completo. Su pelo era de color ceniza y lo llevaba corto a excepción de la zona del flequillo, que la tenía más larga tenía forma de pico. Su cara era angulosa los pómulos y mandíbula marcados. Su piel era blanca, aunque no una piel rosada y su ojos eran azules, pero no claros , era un azul como el azul de la profundidad del mar. Nariz pequeña que contrastaba con sus rosados y marcados labios. Por lo que pude entrever su dentadura era alineada, y sus dientes grandes, aunque para grandes sus manos, dedos largos, preciosas, las tenía muy cuidadas. A través de su ropa se podía adivinar un cuerpo estilizado aunque delgado. Se notaba que era muy inberbe, así pues la perilla que llevaba le daba un toque masculino y probablemente con ella pareciera más cercano a su verdadera edad.
Me recordaba pero más atractivo, a "Holder", el policía de una serie que sigo, The Killing, pero la version americana. Curiosamente el actor es sueco o noruego...
Tras un par de Heineken salimos. Yo esperé, quería saber que dirección tomaría, pero mi cuerpo se estremeció cuando le sentí detrás de mí, sujetando mi cintura y diciéndome al oído que si tomábamos la próxima en su casa. Accedí sin mediar palabra. Buscamos un taxi y dio una dirección que no recuerdo. Fue desde ese instante cuando comenzó mi agonía, dulce agonía.
Se inclinó hacia delante y se puso a conversar con el taxista, yo no prestaba atención, miraba pasar las luces de la ciudad hasta que puso su mano sobre mi rodilla, su gran mano. Comenzó a deslizarla muy lentamente por mi muslo, sentí excitación, y deseaba que siguiera subiendo su mano, pero no fue así. Sus dedos jugaban en mi muslo, llegando a tocar el fino pliegue que se formaba entre mi piel y la ropa interior. Cerré los ojos y abrí las piernas invitándole a ampliar sus caricias, pero a pesar de pasear sus manos por cada uno de mis muslos, apretándolos y jugando con sus dedos no llegó a más. Le dijo al taxista, con el que no dejó de hablar ni un momento, que parase donde pudiera. Fue cuando cerré mis piernas, queriendo atrapar el momento, pero el viaje había terminado. Y como si nada hubiese ocurrido, me dio la mano para salir del coche y en pocos pasos entramos al portal. Ambos manteníamos silencio, llamó al ascensor, lugar dónde yo esperaba que me tomase, me tocase, me follase, pero durante la subida el manteniendo cierta distancia, alargo su mano y acarició mis labios, entreabriendo mi boca. Yo quise lamerlo, chuparlo, saborearlo, pero escuché.. "shhsss", saco su dedo de mi boca y siguió haciendo lo había comenzado. La distancia física que existía a mi me parecía un abismo por el cual me quería caer. Llegamos.
Su casa, era de estilo moderno, colores fríos. El blanco y el negro predominaban, había estores en vez de cortinas, y un larguísimo sofá imitando piel frente a un gigantesco televisor. Me senté.
Empezó a sonar música, precisamente de un grupo de su país que me gustaba, tras preguntarme si estaba bien y si quería beber algo, traía dos cervezas, se sentó en la alfombra, justo delante de mí.
Repitió lo había comenzado en el taxi pero esta vez con las dos manos. Me tocaba, me acariciaba, sus manos ocupaban casi mi muslo entero y se acerco a mi boca y me besó. Su boca era aún más grande de lo que parecía, su lengua invadía mi suavemente mi boca mientras nuestra saliva fluía en ambas. Mientras me besaba sus manos seguían bajo mi falda e inesperadamente bajó mi húmedo tanga hasta quitármelo. Apresurada, le fui desabrochando los botones de su camisa, dejando su lampiño pecho y cuerpo al desnudo, le acaricié, toqué su suave piel. Estaba muy excitada y acerqué mis caderas a su cuerpo, quería rozarme y frotarme con su cuerpo, conseguí notar con mi desnudo sexo su erección a través de sus vaqueros. Se levantó y me cogió en brazos y me llevó a la cama.
Bajó la cremallera de mi vestido, lo quitó y lo dejó colocado en una silla, lo mismo hizo con mi sujetador. Allí estaba, desnuda, tremendamente excitada y deseosa, esperando a que él se desnudase también. Pero no lo hizo, se quedó con la camisa abierta, los vaqueros y me dijo - promete pequeñita, que tú estarás quieta - Y así hice mientras pude.
Se tumbó a mi lado y nos besamos, de una manera sucia, su gran lengua recorría mis labios para terminar en mi boca, la saliva brillaba por nuestras barbillas, mientras me tocaba la forma de mis clavículas bajando hasta mis pechos, que dibujó con sus dedos y luego apresó con su mano. Paró de besarme y se dirigió a la altura de mis pechos. Mis pezones estaban duros, mi piel erizada, la impaciencia me superaba. Beso el hueco de mis senos para luego lamer cado uno de los poros de mis erguidos pechos, recreándose en los pezones. Sus manos acariciaban mi vientre que vibraba al roce de sus dedos en mi ombligo. Me dio la vuelta, acarició, tocó, besó y lamió mi espalda, la cintura, las nalgas, que apresó entre sus manos, balbuceando algo que no pude entender. Tras ese recreo volví a estar boca arriba, me besó el vientre a la vez que abría mis piernas, sentía el roce de su camisa en mis rodillas. Desde las cuales, subía con sus manos y su boca en dirección a mi palpitante sexo. Tocó mis ingles, las acarició y besó. Yo sentía una gran tensión, la humedad de mi sexo dispuesto a ser penetrado. Agonizaba de placer, y fue justo cuando juntó los fuertemente los labios de mi sexo cuando emití un leve grito de placer que se escapó de mi garganta. Jugó con mi sexo, sus dedos pasaban levemente por él, casi sin tocarlo. No podía estar quieta, mi pelvis, mis caderas se movían buscando más. Puso su dedo corazón justo donde los labios se junta, su largo dedo y comencé a moverme rítmicamente, buscando el roce con mi clítoris, lentamente su dedo fue desapareciendo entre mis labios, apresándolo. Él no lo movía, dejaba que fuese yo la que disfrutase con él, la que encontrase el placer. Sentí que estaba cerca del orgasmo y mis movimientos eran cada vez más rápidos. Cuando quitó el dedo. Dejando mi cuerpo en movimiento, mis jadeos y mi placer abocados a la nada, acerqué mi mano para tocarme y él de nuevo la quitó. Mi excitación era tal, que sentía ganas hasta de llorar.
Entonces su respiración, el calor de su aliento estaba cerca, sentí como me soplaba y con sus manos volvió a jugar alrededor de mi sexo, frotando mis labios, apretándolos. Entonces su lengua invadió mis apresados labios, el placer más doloroso que jamás había sentido. Agarré su flequillo, incorporando parte de mi cuerpo, quería mirar, pero volvió a soltar mi mano poniéndola sobre la cama. Cerré los ojos, cuando sujetando mis piernas me lamió una y mil veces, yo me movía al ritmo tranquilo de su lengua y dijo algo - no corras pequeña, deja que el orgasmo llegue a tí -
Así hice, me quedé lo más quita posible y me recreé en el placer que sentía. Llegó el momento del orgasmo que no sabría definir, sólo sé que se vio prolongado al introducir en el momento exacto su dedo en mi vagina, acariciándome por dentro y sintiendo cada una de las contracciones involuntarias que emanaba a la vez que eyaculaba, o al menos eso creí.
Lentamente todo paró. Sólo podía escuchar los latidos fuertes y rápidos de mi corazón, si abría los ojos todo era una nebulosa de color azul, no podía moverme. Mi cuerpo era un peso sin aparente vida, pensaba "te quiero", a ese desconocido, sí. Y de la misma postura me quedé durante un tiempo que no sabría concretar, sentí que me tapaba con la sábana y caí en en un letargo que acabó convirtiéndose en un profundo y pesado sueño, sintiéndome feliz, de estar ahí...



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