jueves, 25 de octubre de 2012

Un día ordinario

Un día cualquiera, para la inmensa parte del mundo, un sabado ordinario, uno más en otoño yo hice un juramento. Bueno yo no fuí la única. 
En un bonito lugar se celebraba una boda, en la que todos aquellas que personas que son importantes en la vida de dos personas se juntan para celebrar esa unión, ese momento, ese día... y hasta en ese día las personas que no están fisicamente hablando, hicieron  presencia. Y lloraron de alegría en el preciso momento en el que todo aquello que se celebraba en el exterior, continuaba en el interior de un nada ordinario salón.
Ella, la novia, era pequeñita y morena. Iba vestida con un bonito y atípico (no lo suficiente) vestido de novia. Un pequeño ramo de lilas con pequeñas florecitas en blanco. Las mismas flores que adornaban su pelo. Los zapatos de tacón, apenas le duraron puestos el paseo del coche hasta el bonito "altar" donde la esperaba el que iba a ser su marido.

El, iba vestido con un elegante traje, nada típico de novio, con una bonita corbata lila. Recién afeitado y con el pelo más o menos en su sitio, por el aire que corría, esperaba sonriente cuando vió aparecer a la  novia del bracete de su padre. Sonreía, a la par que un mar de nervios se notaba le corría por dentro.

Mientras ocurría todo esto sonaba esta canción:


Después sonaron más canciones, una más cuando ya habían dado el sí quiero del grupo Phoneix, después ambos fueron a un gran jardín que estaba en la misma finca, donde los cisnes nadaban tranquilos por un lago para que les hicieran fotos, unas fotos poco típicas, no valía posar, no había que posar, el album lo querían así, de momentos, de abrazos, de besos, de espontaneidad.


Mientras les hacía las fotografías, los invitados disfrutaban comiendo un coctel con extraños nombres, pero por los parabienes, exquisitos. Momento de confesiones entre ambos y muchas risas.


Cuando entraron al salón para la comida sono el tema "I feel godd" de James Brown, que puso en pie al personal, bailando a su manera funky y cantando también. Algo inesperado y divertido.

Pero para inesperado y divertido, fué tras la comida, sin espadas, el balls de los novios, comenzó con el Danubio azul, pero el disco se ralló y comenzó entonces fragmentos de las más orteras y con baile, canciones de los 70 y 80, que los novios (previos ensayos de risa en su casa) ya tenía preparados, así que si sonaba una como, "she is a maniac" de la película Flash Dance, el baile era lo más parecido, con el toque de idiotez y humor que les hace gala.

Sí, un día ordinario, otro día más, el día que me casé con Abel. Uno de los mejores ordinarios días de mi vida.

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